Adiós
Cállate,
otra vez tengo que escuchar tus gemidos, ¿acaso no encuentras otra forma de
vacilarme? Has vivido toda una vida increpándome las cosas que he hecho mal, pero
¿te has ido acaso?
Otra vez
te encontré bebiendo, otra vez te veo llorando, con los ojos hinchados y
morados, quejándote a pura Ña Catita de tus desgracias, pero sigues aquí.
Esta es
tu penitencia, no te vas porque nadie te ha amado como yo, y eres consciente de
que nadie lo hará tampoco, pero debes sufrir por el daño que me has causado.
Deja ya esas mentiras, la cabeza cabizbaja, los ojos perdidos y los hombros
encogidos como si la indiferencia se comparase a tu infidelidad. ¿O ya lo
olvidaste? Y no, no me vengas con más quejidos que ya no lo tolero.
Recuerdo
muy bien, esa noche, llegué temprano, ansioso de verte, entre al cuarto
desesperado, emocionado por contarte de mi ascenso, y tu postrada en la cama, desnuda
como recién venida al mundo, lujuriosa de un chiquillo de veinte. Sucia.
Hoy
llegaré tarde, otra vez, saldré con unos amigos a olvidarme de esto, y quizás,
sólo quizás algún día pueda perdonarte. Mientras tanto ocúpate de ti, estás
hecha un desastre.
Por
cierto, antes de llegar me gasté el dinero, bueno, mi dinero, en un par de
tenis nuevos. El banco ya había cerrado. Hoy te tocará comer el pan de ayer, y
mira, que suerte tienes te acompañará esa cucaracha, igual no creo que tengas
mucha hambre, tampoco me importa. Además, la despensa está vacía, por tus
excusas de mujer sufrida y tu incapacidad de servir para algo.
Tengo que
pensar en algo, ese olor fétido se está haciendo sentir en el cuarto. Unos días
más y los vecinos se darán cuenta de tu ausencia. ¿Qué te mereces? ¿Una bolsa
negra y un viaje al campo? O quizá, ¿una sierra nueva y saciar el hambre de los
perros? Es curioso y hasta hilarante, es la primera vez que veo rigidez en tus
senos, y no negaré que te queda bien ese tono pálido, te ves más viva que
nunca. En fin.
Lo
pensaré después, hasta luego, mi amor.
Comentarios
Publicar un comentario